Zainketen Hiria es un proyecto de Farmamundi que quiere identificar, a través de una investigación colaborativa y un diálogo de saberes entre Euskadi y Ecuador, nuevos modelos y alternativas de ciudadanía global basada en los cuidados.
En el marco del proyecto se constituyó un Grupo Motor conformado por 6 organizaciones sociales y académicas con trayectorias e intereses diversos y con ganas de trabajar desde lo común, el diálogo y la búsqueda de nuevos paradigmas y nuevas formas de comprender el mundo. Concretamente, somos 2 organizaciones de Ecuador (el Instituto Quichua de Biotecnología “Sacha Supai- IQBSS y el Departamento de Sociología y Estudios de género de la Universidad FLACSO) y 4 de Euskadi (Erabide Emakume Elkartea, UPV/EHU el Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico de la UPV/EHU, la propia Farmamundi y, como dinamizadora, la Colectiva XXK. Feminismos, pensamiento y acción.
Entre mayo y noviembre 2023, las 6 entidades nos hemos reunido mensualmente con el objetivo de colectivamente construir saberes y nuevas alternativas de desarrollo comunitario que pongan los cuidados de las personas y el planeta en el centro.
Iniciamos y mantuvimos un diálogo respetuoso y basado en la escucha atenta que siempre ha reconocido y valorado que:
- Representamos una diversidad de cosmovisiones, creencias, culturas y valores y nos encontramos ante contextos y realidades muy diversas que hacen que no podamos abordar los cuidados de la misma manera ni con los mismos códigos.
- A pesar de ello, existen algunas similitudes o preocupaciones comunes que nos unen y nos conectan de alguna manera.
Para todo el proceso ha sido fundamental un enfoque critico feminista interseccional, y este se ha intentado presentar de forma transversal en estos dos grandes bloques que articulan la propuesta elaborada.
Este documento es el resultado del diálogo mantenido durante estos 6 meses. Lo hemos estructurado en torno a dos grandes bloques: horizontes de posibilidad e ideas para alumbrar el camino.
Principales conclusiones de las investigaciones
Ecuador
En un contexto atravesado por el colonialismo y el racismo, el Sumak Kawsay, como forma de vida, se enfrenta a la compleja violencia de género que permea todas las esferas sociales y se vuelve estructural en las instituciones.
Las mujeres indígenas lideran la resistencia frente a la violencia extractivista que amenaza sus territorios, protegiendo la tierra, los bosques y los seres espirituales de la naturaleza. Estas luchas buscan una justicia planetaria y la sanación ecológica ante los daños causados por megaproyectos desarrollistas.
Cuando las mujeres acceden a roles de liderazgo político, enfrentan obstáculos misóginos y desvalorización de sus denuncias sobre violencia de género. Además, al acudir al sistema judicial estatal en busca de justicia, muchas son revictimizadas.
Frente a la violencia machista dentro de sus comunidades —sexual, física, psicológica y económica—, la Asamblea Comunitaria ofrece respuestas más accesibles y eficaces que la justicia ordinaria, la cual resulta lejana, costosa, lenta y racista.
Como estrategias cotidianas, las mujeres recurren a la vergüenza pública, se apoyan en redes y organizaciones que ofrecen herramientas jurídicas y denuncian la inacción estatal. También impulsan prácticas de sanación ancestral, crean espacios seguros y promueven la reflexión sobre los roles de género.
Para ellas, la violencia de género rompe el tejido comunitario y facilita el avance del extractivismo. La recuperación de saberes ancestrales —como la cerámica, las historias tradicionales y el uso medicinal de las plantas— forma parte de su resistencia cotidiana y del cuidado colectivo que sostiene la vida de sus pueblos.
(Lisset Coba, Cristina Vega y Nathaly Saritama)
Euskadi
El cuidado es un principio fundamental a lo largo de toda la vida, que abarca no solo a las personas, sino también a la comunidad, la naturaleza y nuestras organizaciones. Se basa en la equidad, el buen trato, la corresponsabilidad y la reciprocidad, con el compromiso de no dejar a nadie atrás. Además, implica cuidarnos a nosotras mismas para poder cuidar a las demás, fortaleciendo vínculos y promoviendo el bienestar colectivo.
Para fortalecer los cuidados dentro de los colectivos, es fundamental realizar autodiagnósticos que permitan identificar necesidades y mejorar prácticas internas. Se debe fomentar la corresponsabilidad y el reparto equitativo de tareas, garantizando el respeto y reconocimiento mutuo. La participación debe promoverse con equidad, valorando los distintos niveles de compromiso. Es clave facilitar el diálogo intergeneracional e intercultural, así como planificar relevos para asegurar la continuidad del trabajo colectivo. Además, es importante contar con herramientas de cuidado que incluyan tanto aspectos emocionales —como la motivación, el sentido de pertenencia, la comunicación y el respeto—, como herramientas prácticas, como calendarios de tareas, agendas internas, actividades de cohesión y protocolos de cuidado y no violencia.
Para fortalecer los cuidados en la comunidad, es clave promover espacios de encuentro en los barrios que fomenten la cercanía y el diálogo. También se debe visibilizar y tejer alianzas con asociaciones locales, agentes sociales y comunidades virtuales, fortaleciendo así las redes de apoyo. Potenciar el sentido de pertenencia y valorar la sabiduría colectiva ayuda a consolidar vínculos sólidos. Iniciativas como bancos de tiempo permiten generar redes de ayuda mutua. Además, es fundamental impulsar la participación política con y desde la comunidad, así como compartir y disfrutar de los espacios públicos como lugares comunes que refuercen la vida comunitaria.
(Marta Jiménez)